Edición 2022/2023
Profesor: Susana Mercado Morales
2º BACHILLERATO - Aula: 2ºBachillerato D
Microrrelato:
La seda del vestido blanco se pegaba a su piel, siendo ya casi imposible diferenciar la
frontera donde terminaba la tela y comenzaban sus blanquecinos brazos. Había pigmento
rosado en sus labios, y un ligero rubor en sus mejillas, que hacían que la vida retornara a su
cuerpo por un tiempo. A su alrededor se habían colocado pétalos de rosas blancas, pero si se
observaba con suficiente atención se podría ver un pétalo negro enterrado entre el mar de
blanco, probablemente cortesía de su hermana mayor.
Realmente parecía un ángel. Muchos se habrían atrevido a compararla con una Santa, viendo
el medallón que descansaba entre sus clavículas, como una luz en una habitación oscura.
Algunos incluso se verían arrastrados por una fuerza superior a apoyar sus rodillas en el suelo
y rezar a la personificación de la calma, que yacía sobre su espalda entre las cuatro tablas de
madera que conformaban las paredes del ataúd de la niña.
Cualquiera que la viera, ahí tumbada, sería víctima de una ilusión, ignorante de que la
inocencia que transmitía no era más que atrezzo. Bernarda había tenido un objetivo, y
cualquiera que se parase a contemplar ese rostro angelical diría que lo había cumplido con
creces.
–Vamos, Poncia. – llamó Bernarda–. Se está haciendo tarde. No será bueno que nos vean
fuera de casa tanto tiempo con dos muertes tan recientes. – Mientras se alejaba, pudo
escucharla añadir–: Es inadmisible que descuidéis así el honor de nuestra familia.
Miró por última vez a la niña. Se la imaginó sonriendo, y las lágrimas brotaron de sus ojos
como si de un río se tratara. Adela nunca más podría llorar.
Obra de referencia:
La casa de Bernarda Alba, Federico García Lorca. Bernarda consigue mantener el honor de su familia haciendo que la imagen póstuma de su hija sea la de una Santa, pero muestra cierto arrepentimiento.