Edición 2022/2023
Profesor: José Luis Garrosa Gude
2º BACHILLERATO - Aula: 2.º E
Microrrelato:
«¿Quién soy yo sino un esbozo deteriorado de lo que aspiraba a ser?», le preguntó Andrea a aquel rostro demacrado que se perfilaba entre las aristas de la cristalera, «¿quién soy yo sino un vago recuerdo de lo que fui, una caracola desprovista de alma que se consume a merced de las olas?». Las lágrimas de nácar tintinean en el filo de sus pestañas, y se debaten entre saltar al abismo o permanecer suspendidas sobre las pálidas mejillas anhelantes de vida.
La muchacha del reflejo siente lástima al mirarla. No se halla en condiciones de hacer nada salvo resistir el flujo silencioso de esas palabras muertas que le desgarran la piel.
Existió un instante, un pliegue en el tiempo en el que Andrea y ella eran una misma persona, una joven sedienta de conocimientos, que amaba perderse entre las páginas deterioradas de los inmortales gigantes de tinta que a menudo vagan por los sueños de los niños y de los que dejaron de serlo.
Ahora ella era la única que conservaba intacto su amor por la vida, por el destino y sus impredecibles bifurcaciones que suelen conducir a lugares maravillosos a través de senderos ensortijados.
Ahora que la calle Aribau constituía el epicentro de su existencia, los ojos de Andrea habían dejado de ser sus ojos o, al menos, su mirada cesó de iluminarse con la abrasadora chispa de curiosidad que una vez la caracterizó.
En cuanto a la joven de la cristalera, ella se desvaneció entre las aguas del olvido, haciendo de la protagonista un personaje secundario de su propia vida. Pero ¿a quién le importa? Al fin y al cabo, solo era un reflejo destinado a consumirse con los últimos rayos de luz, al igual que todos los sueños que, por falta de fe en nosotros mismos, nunca llegamos a realizar.
Obra de referencia:
«Nada», de Carmen Laforet