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Edición 2022/2023

IES ANA FRANK

Maria Miruna Gheorghe

Profesor: Esther Vieitez Avello

2º ESO - Aula: 2ºA

Microrrelato:


Cuando me dijeron que Johnny había muerto, la respiración se me aceleró y acabé desmayándome, quedando inconsciente en el suelo. La noticia me afectó tanto que Darry me tuvo que llevar al hospital.
Mientras estaba en coma oía todo, pero no veía. Era una sensación extraña. Un día desperté. Al abrir los ojos ví las caras de Soda y de Darry dando pequeños saltos de alegría. Yo aún no comprendía nada. ¿Qué había pasado?. Aún estuve allí unos días, durante los cuales acabé adaptándome a la cálida luz del hospital.
Al final cogimos mis cosas y nos fuimos a casa.
A a hora de cenar, Darry me preguntó qué había pasado, pero no respondí, creando un silencio incómodo.
Me fui a mi cuarto y me tiré en la cama. Me quedé mirando un punto fijo y las imágenes de Johnny tumbado en aquella cama se agolparon en mi cabeza. La culpabilidad me invadió. Podría haberlo salvado. No pude más y me volví a desmayar. Desperté de nuevo en aquel mugriento hospital y me pregunté: ¿qué pasaría si todo esto no hubiera sucedido? ¿La vida me iría mejor?
De repente mis sentidos comenzaron a flojear. Percibía las sombras de siete médicos, todos con bata verde. Mientras cuatro intentaban reanimarme, los otros tres sostenían a mis hermanos, Soda y Darry.
Al principio no comprendía nada, pero al cabo de unos cinco minutos vi como me inyectaban una sustancia transparente y volví a recobrar el oído y la vista.
Estuve en aquel hospital dos días más. Al tercero me me dieron el alta y me dijeron que sufría de estrés postraumático, y que había entrado en una depresión.
Tras tomarme el bote entero de pastillas me desmayé, pero esta vez un silencio vacío me invadió. Esta vez no volví a despertar.


Obra de referencia:

Susan E. Hinton, Rebeldes

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