Edición 2022/2023
Profesor: Inmaculada García García
1º ESO - Aula: 1º ESO B
Microrrelato:
Sabía quién era la persona a la que había ido a buscar allí, sabía que ya estaría esperando. Estaba en un bosque lleno de vegetación y animales silvestres, pero lo mejor de aquel sitio eran las flores: pequeñas y delicadas, de infinitos tipos, que si te acercabas a observarlas todo lo demás que hubieras visto en tu vida te parecería horrendo en comparación.
Ese sitio era demasiado puro y bonito, en comparación de aquel ser.
Llevando una larga y oscura capa negra que le tapaba de pies a cabeza, no se le podía ver por ninguna parte ni saber cómo era, a excepción de sus manos blancas, las cuales sujetaban una grán guadaña. En efecto era La Muerte.
Ya había llegado a su destino, se escondió un momento detrás de unos arbustos para observar unos instantes. Sí, era ella.
Era de mediana estatura, de piel clara moteada con unos grandes ojos castaños, con un cabello rojizo y fogoso con grandes rizos que caían como una grán cascada por su espalda. Su ropa era típica de aquel lugar, hecha con lo que la madre naturaleza les ofrecía a aquellos seres, aprovechando todo al máximo, tal como les enseñaban.
Estaba jugando con flores. Daba pequeños saltitos que acababan en un suave vuelo mientras reía y jugaba.
Se acercó con paso silencioso y alzó en alto la guadaña, pero antes de poder hacer nada la pequeña hada se volvió hacia aquello, con sus rizos y le dedicó una sonrisa.
Cogió una corona de flores y se la ofreció, el ser la aceptó, alzó su guadaña y la decapitó. Lo último qué vió de aquel ser fue su cuerpo yaciendo sobre la hierba, ensangrentado.
- La Muerte no perdona, pequeña - dijo inclinándose, acercó su pálida mano a la cara y le cerró los ojos.
Obra de referencia:
Inspirado en las novelas de Laura Gallego