Edición 2021/2022
Profesor: Luis Guerra Salas
4º ESO - Aula: 4SD
Microrrelato:
Maese Pérez carecía de vista, siempre fue ciego, y aunque nunca le pareció algo positivo, no poder ver las caras de sus antiguos amigos y familia después de su muerte fue un milagro. Por desgracia, Pérez tampoco parecía ver que su cuerpo, frágil como la arena había sido soplado por el viento, que del órgano ahora salía como grito ahogado, su alma, atrapada en un concierto sin público, anclada al órgano, sin percibir que el reloj marcaba su hora. Maese Pérez carecía de piel, carecía de cuerpo y cariño, no se dio cuenta de su muerte pues poco grito hubo por ella, su alma, rota como el órgano mismo que incansablemente toca no conoce la prisión en la que se encuentra, no ve a los vivos y no oye a los muertos, pues su órgano jamás calla.
Maese Pérez carecía de vida, siempre fue muerto, nunca fue vivo, nunca murió pues nunca vivió, sólo tocó y tocó y tocó, pero nunca tocó fondo, nunca será libre pues ni su hija ahora aplaude sus interpretaciones, ni los muertos acuden a socorrerlo, pues hasta para los muertos se hace tortura escucharlo tocar, pues sus fantasmales dedos bailan con gracia sobre las teclas, pero el aire, igual que de sus pulmones en sus últimos momentos, sale pesado y moribundo, encarcelando al desafortunado que lo escuche, en los interminables ensayos del maese.
Mira a don Pérez y aprende de su tormento, toma un momento, haz memento de tu tiempo ante muerto y escapa de tu ensayo, no escondas tus melodías, no escondas tus artes, deja de pasar tus días, amarrado al puerto de la soledad, anclado a la verdad, escondida del mundo, deja de vivir en un chaleco de fuerza, abre los ojos, ábrelos y ve, pues no careces de vista.
Obra de referencia:
Mi texto está basado en la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer "Maese Pérez el organista"