Edición 2021/2022
Profesor: Vera Pérez Rodríguez
4º ESO - Aula: 4ºC
Microrrelato:
Las lágrimas caían por mis mejillas mientras cerraba la primera de cientos de notas. Égloga I, así había llamado a su primera obra poética tras mi marcha. Estaba en su apartamento. Un apartamento ahora sin color, sin flores, sin la esencia de Garcilaso, que se había ido de este mundo un 14 de octubre de 1536.
Sentía que la vida de las flores se fue con él, que el color de estas se derramaba en el suelo al no haber sido regadas en meses, justo como hacía la tinta con la que fue escrita la Égloga I al ser alimentada con el sentimiento de mis lágrimas. Lo único tangible que me quedaba de él eran los poemas que escribió antes de partir, en el que mi presencia no se sentía: yo no era Elisa, yo era Isabel Freire de Andrade.
Me marché un 27 de agosto de 1534. Me marché a Beja, Portugal, donde mi familia estaba. Ellos necesitaban ayuda ya que mi hermano mayor sufría la peste bubónica y mis padres necesitaban a alguien que le cuidase.
Según recibí la noticia de la muerte de Garcilaso, cogí el primer tren a Toledo, donde vivió parte de su vida y me dirigí a su morada. Ahí encontré los restos de su vida material, sus camisas, sus poemas e incluso las velas que encendió por las noches mientras escribía.
Recogí un par de las églogas que él escribió mientras estaba preso en la cárcel del sufrimiento, y me dispuse a irme, no sin antes haber regado las plantas que una vez dieron vida a su hogar. Cerré la puerta y me fuí: sabía que tenía que seguir viviendo. Así lo hice, continué con mi vida cual pez que nada contra la corriente en un río al que piedras eran lanzadas.
Obra de referencia:
Garcilaso De la Vega - Égloga I