Edición 2021/2022
Profesor: Encarna Ramos Cabo
1º ESO - Aula: 1ºD
Microrrelato:
El Corsario Negro miró detenidamente a los hombres del bote y ordenó arrestarlos. Él y sus hombres habían tomado aquel barco pirata y lo estaban preparando para emprender rumbo a España, donde lo entregarían a su corona, la cual tenía el favor del Corsario Negro.
La tripulación se puso en marcha en El Vigía, hasta ponerlo en buena posición atando al barco pirata capturado. Quitaron velas, rompieron el timón para que no pudieran escapar.
El Vigía levó anclas, comenzó a navegar, arrastrando al navío prisionero. Avanzado unos metros, divisó en el horizonte, tres barcos piratas dirigiéndose a toda velocidad. Hacía tres días, el barco capturado había mandado una paloma mensajera a otros camaradas piratas pidiendo ayuda, dado que sus exploradores habían avistado un barco español. Los prisioneros sonrieron al ver la robustez de los barcos y pensaron que la leyenda del Corsario Negro acabaría aquel día. El Corsario Negro no pensaba lo mismo, ordenó que la mitad de sus hombres fueran al barco capturado y el resto permaneciera.
Mientras los navíos se acercaban, el Corsario Negro giró El Vigía y el barco capturado, hacia estribor poniendo el costado derecho de ambos barcos frente al enemigo. Después, ordenó tirar las cuerdas manteniéndolo lo más cerca posible de El Vigía.
Cuando las embarcaciones enemigas estuvieron lo suficientemente cerca con viento a favor, el Corsario Negro ordenó abrir fuego. Los navíos piratas quedaron atrapados.
La posición de los barcos del Corsario Negro formaba una muralla de navíos que escupía fuego. El ataque había sido tan repentino que los barcos enemigos no pudieron reaccionar. Había elegido el momento exacto para que sus enemigos tuvieran el viento empujándoles hacia su trampa.
Se hundió uno, otro y el viento dejó de soplar. El tercero escapó. El Corsario Negro lo vio alejarse, pero decidió no perseguirlo, conformarse. Esperaron viento favorable rumbo a España.
Obra de referencia:
Ese hombre viene hacia nosotros. Emilio Salgado