Edición 2021/2022
Profesor: Beatriz Nieto Carmona
2º ESO - Aula: 2º ESO B
Microrrelato:
Esto sucedió hace ya muchos años. Por aquel entonces rondaba los 17 años. Recuerdo como si fuera ayer aquellos días en los que aún vivía con mis padres.
Yo solía ser especialmente egoísta, y jamás pensaba en ayudar a alguien. En aquellos días, yo vivía en mi burbuja, y mi hermano pequeño me preguntó si le podía ayudar con las ecuaciones. Yo le dije fríamente que no, igual que con mi padre, que era aficionado a la jardinería y me había pedido ayuda para plantar geranios. También ocurrió lo mismo con mi madre, que me había pedido ayuda para instalar una nueva nevera.
Aquel día me fuí a dormir sin siquiera pensar en ayudarles.
A la mañana siguiente, me levanté y me puse a estudiar para un examen sobre plantas. Entonces, recordé que mi padre era todo un experto, y fui a buscarle. Como no había nadie, monté en mi bicicleta y salí a dar un paseo.
Al volver, me dí cuenta de que nadie quedaba en los alrededores, o en el país, o siquiera en la faz de la Tierra. Encontré una frase grabada en la pared, “los egoístas solos se quedan” y tras recapacitar, comprendí que se debía a mi egoísmo, por tanto dediqué el día a hacer sus tareas:
Para mi hermano, hice sus ejercicios de ecuaciones. Para mi madre, cargué la nevera y la instalé; me llevó casi una hora. Por último, para mi padre, dediqué el resto del día a plantar los geranios en el jardín. Agotado del esfuerzo físico y mental, caí en mi cama cuan largo era. Al día siguiente encontré a mi madre, desayunando en la cocina y me preguntó que a que se debía mi cansancio, yo le respondí: “Nada mamá, cansado de ser tan egoísta”.
Obra de referencia:
Ninguna