Edición 2021/2022
Profesor: Begoña Albarrán Ortiz De Apodaca
1º BACHILLERATO - Aula: Ciencias
Microrrelato:
TOLEDO, 1607
El día había llegado. Todos esperábamos que no ocurriera; pero, en el fondo de nuestros corazones, sabíamos que era inevitable.
Los dos hombres aparecieron en la Plaza de Holanda encapuchados, espada envainada y mirada caída. Solo podría quedar uno en la memoria de los allí presentes, y en la de generaciones futuras.
El primero, más bajo y corpulento, con sus anteojos y la cruz de Santiago reluciendo en el pecho, llegó envuelto en una capa negra y acompañado por un soldado mucho más alto que él. De este segundo personaje, se decía que era valiente, sin destacar en honestidad o piedad, pero sus aventuras no me corresponden a mí narrarlas, sino a mi amigo Íñigo.
El rival, un hombre pálido cuya estatura estaba por encima de la media, lucía más débil; pero todo aquel que conociera la rivalidad que aquel día debía concluir sabía que no era así, que por derrotar a aquel que tanto daño le había causado haría cualquier cosa.
Hizo acto de presencia Doménikos Theotokópoulos, aquel que decían había nacido en Creta, y dijo:
- Estimados coterráneos, lo que van a vivir Vuestras Mercedes es una batalla de inteligencia que nada tiene que envidiar al ágora de Atenas en tiempos de Platón– (En eso discrepaban los combatientes porque ambos pensaban que lo del otro no era inteligencia sino burda palabrería).
Tras saludar a los allí presentes, el miope se arrancó diciendo:
"Érase un hombre a una nariz pegado"
[…]
Herido, su adversario le espetó:
"Anacreonte español, no hay quien os tope."
[…]
Ambos ancianos siguieron atestándose estocadas poéticas hasta el amanecer.
Y es que en solo una cosa coincidían: en muchos casos, la pluma es más fuerte que el acero.
Obra de referencia:
Arturo Pérez-Reverte, "El capitán Alatriste". Historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes en el Madrid del siglo XVII, donde vive Quevedo componiendo sonetos entre pendencias con Góngora