Profesor: Iris Hernández Vera
1º BACHILLERATO - Aula: Celestina
Microrrelato:
PÁRMENO: SORDO ANTE SUS PROPIAS PALABRAS
A desconfiar de ciertas personas me vi obligado tras muchas decepciones. Resultó irónico que esa persona que, por suerte o por desgracia, me brindó ese aprendizaje sería la misma que enredaría a mi amo en sus falacias: la Celestina, caracterizada por su olor a hierbas y a secretos, llena de sombras y malas intenciones.
Traté de avisar a mi amo. “No se fíe de esa vieja puta, o acabará enredado en los lugares más abruptos y afilados: sus sucios fraudes.” Pero Calisto, ciego de amor, también fue sordo para mis advertencias. Para él, la única verdad era Melibea y, cualquier cosa, por ilícita que fuera, si lo acercaba un paso más a su amada era válida.
Yo sería la fortaleza de la que carecía Calisto para levantarme contra el exceso de sus engaños. Pero entonces, llegó Areúsa, y con ella la nueva estrategia de Celestina, ella sabía dónde hurgar. “Tú también mereces algo” me dijo la vieja y, después de todo, solo pude aferrarme a sus vanas palabras por mucho que hubieran sido pronunciadas por una lengua envenenada.
Areúsa me sonrió y, en ese instante, pude sentir, por primera vez, que algo que había deseado durante tanto tiempo había tocado a mi puerta: el amor. Pero pobre iluso, cada uno de esos momentos estaba marcado por esa bellaca de oficio. Ella decidía cuándo mi ilusión debía florecer, y también, cuándo marchitarse.
Mi amada mientras tanto no era más que una pieza en el tablero de un juego perdido, incluso antes de haber comenzado la partida. Comprendí, entonces, que mi amor no era libre y que esa vieja enredadora no pararía hasta ser enterrada.
Obra de referencia:
Fernando de Rojas explora en La Celestina diferentes sentimientos universales del ser humano