Profesor: Guiomar Hernández Guzmán
2º BACHILLERATO - Aula: 2ºBACH HUM
Microrrelato:
LA LOCURA ERA LA CURA
Josefa golpea las paredes blancas como quien atiza una funesta cámara de gas. Su voz
se alza, se quiebra, se amotina, pero no miente. Nunca miente. Dice que la casa es un
presidio vestido de acatamiento, que el silencio pesa más que los pilares y que la
cordura se parece demasiado a la subordinación. Bernarda la señala con altanería:
“Está loca, ¡encerradla!”. Y así, la palabra se convierte en candado.
Josefa ríe. Ríe porque ve con fulgor. Ve que las mujeres “cuerdas” caminan
rectas como estatuas hacia la asfixia, convencidas de que sobrevivir es vivir. Ve que
la razón requiere apretar los ojos, entrelazar las manos y tolerar el encierro como si
del sino se tratase. Su locura, en cambio, se subleva: quiere luz, mar, aire, voces que
elijan, voces que no pidan permiso.
La tildan de demente porque nombra lo innombrable. Porque su demencia no
cede ante preceptos ni lutos perpetuos. Porque se atreve a desear sin pecado. Josefa
no está rota: está despierta. Y quien despierta en una casa somnolienta parece un
monstruo.
Mientras la encierran, las “lúcidas” se vigilan unas a otras, temerosas de
desviarse del camino establecido. Confunden orden con salvación, represión con
honra. No comprenden que su prudencia las drena lentamente, que su normalidad las
vuelve incorpóreas.
Josefa canta detrás de la puerta blindada. Su voz, agitada y emancipada, araña
la cámara de gas. Quizá su demencia sea su última forma de cordura. Quizá su
demencia sea su última redención. Porque, al fin y al cabo, no se puede intentar poner
recta la sombra de un bastón torcido.
Obra de referencia:
La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca