Profesor: Guiomar Hernández Guzmán
4º ESO - Aula: 4ºESO TORRENTE BALLESTER
Microrrelato:
En el rincón más antiguo de mi jardín, crecía una flor. Nadie sabía cuánto tiempo llevaba ahí, era como si existiera desde antes de que yo pudiera recordar. Me gustaba compartir mis momentos con ella desde mi niñez hablandola y regandola a diario, porque al acercarme, sus pétalos se abrían cada vez más, como si reconociera mi voz entre todas las voces del mundo.
Todas las tardes me sentaba a hablar con ella, dejando que la luz tibia del atardecer nos envolviera a los dos. Le hablaba en voz baja, contándole cosas pequeñas. Y aunque no pudiera responder, verla erigirse ligeramente me hacía sentirme acompañado. La raíz que nunca cambiaba aunque todo lo demás si.
A partir de entonces, la naturaleza pareció inclinarse hacia un declive inevitable, como si el propio aire perdiera la memoria de su camino, encontré un pétalo en el suelo. Solo uno. Pensé que era normal; las flores también se cansan. Lo guardé en mi bolsillo, sin saber muy bien por qué. Al día siguiente, había dos. Parecía confundida, como si buscara la luz en direcciones que ya no recordaba.
Poco a poco los pétalos se empezaban a caer sin avisar, como si quisiera dejar de recordar aquello con lo que tanto tiempo había pasado, a veces cuando la nombraba otras sin sentido.
Yo intentaba recoger todos, como si la pudiera reconstruir cuando el tiempo decidiera detenerse.
Me quedaba horas sentada junto a ella, temiendo que el atardecer se llevara algo más.
La flor aún sigue allí, aunque cada vez con menos colores. Yo sigo a su lado, regándola, hablándole, recogiendo los restos de lo que un día brilló con fuerza. Sé que no podré evitar que pierda sus últimos pétalos. Pero mientras sigan cayendo uno a uno, estaré aquí para sostenerlos antes de que el viento se los lleve del todo.
Obra de referencia:
Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer