Profesor: Elena Viedma Marín
1º ESO - Aula: 1º F
Microrrelato:
Ana de la Paredes grises
El tren de Ana jamás llegó; lo que sí llegó en su lugar fue el muchacho que Matthew Cuthbert llevaba anhelando desde hacía tiempo; la ayuda que necesitaban. En Avonlea todo fue según lo esperado, pero dejemos de hablar de esto, pues esta es la historia de Ana, Ana de las Paredes grises.
Eran las cinco cuando Ana estaba entrando en la puerta de aquel oscuro orfanato; su aspecto era más bien diferente: tenía el pelo amarillo como el sol, la tez morena y sin rastro de pecas, y un vestido pulcro y hermoso, pero su imaginación seguía igual, grandiosa y desbordante.
Dos horas más tarde, Ana estaba tendida sobre su cama, sola. El timbre de la cena había sonado hacía un buen rato, pero Ana hizo caso omiso y empezó a soñar. Se imaginó un lugar precioso, situado en un pueblecito apacible y tranquilo. Se imaginó praderas verdes, flores amarillas, senderos de piedra; soñó con una Ana completamente diferente, mucho más sencilla y humilde, pero contenta.
Tenía un hogar en el que dormir, y hasta una mejor amiga con la que jugar. Allí todos la conocían como Ana: Ana de las Tejas verdes. Así permaneció hasta quedarse dormida. A la mañana siguiente, todas sus compañeras la miraban con cara extrañada, no cesaba de repetir la misma frase: Ana de las Tejas verdes, Ana de las Tejas verdes…
Sus compañeras se dieron cuenta de que se sentía sola, así empezaron a darle conversación y a hablarle sobre el orfanato. Se hicieron muy amigas, y a veces de broma, la llamaban Ana de las Paredes grises. Poco a poco sus amigas fueron pintando esa pared gris, la cual se volvió cada día de un color diferente. Ana estaba feliz. Pero a pesar de todo Ana nunca, nunca, nunca dejó de soñar.
Obra de referencia:
Ana, la de Tejas Verdes. Lucy Maud Montgomery Esta es la historia de Anne Shirley, una joven huérfana que a los once años es enviada por error al hogar de los hermanos Matthew y Marilla Cuthbert, cuya