Profesor: Miriam Rivero Ortiz
3º ESO - Aula: 3º ESO B
Microrrelato:
En Educación Física le llamaban lento; en Matemáticas, bobo; y en Historia, empollón. Pero seguía ahí.
Tenía muchos nombres, sin embargo pocos conocían el que le dieron sus padres. Tiempo atrás, era feliz, corría con amigos y contagiaba su ilusión a compañeros y profesores.
Ahora, no quedaba nada.
Paseaba por los pasillos, triste, cabizbajo, su flequillo ocultando sus ojos con lágrimas. “¿Qué pasa?”. Le preguntaban con una ignorancia fingida. “Nadie te ha hecho nada”.
Mentira. Durante años, alumnos de todo el centro habían mirado a este chico y le habían insultado y menospreciado. Se habían formado círculos enormes en torno a él, aprovechándose de su inocencia y haciendo de él el entretenimiento perfecto.
Pero la gente crece y su percepción se vuelve aguda, y este chico vio su situación, y su sonrisa desapareció.
Tanto le hirieron que, entre clase, burla y patio, fueron pasando los años. Se convirtió en alguien roto, desmotivado, pero muy responsable.
Fue por este compromiso con el deber, que una vez le eligieron delegado. Por primera vez, alguien había confiado en él, habían oído su voz.
Aquella tarde, entre lágrimas, se hizo una pregunta:
—¿Debe todo seguir igual? Nadie me obliga a sufrir, mi felicidad es cosa mía. Quizás pueda honrar esta oportunidad y ayudar a otros, como mi clase a mí.
Todo cambió.
Volvió a ser como antes, sin miedo, pero con conciencia. Fue un gran delegado y todos aquellos que le hicieron mal, ahora le hablaban respetuosamente. Andaba con la cabeza alta, orgulloso de sí mismo.
Ahora, cuando veía a otro que pasaba por sus mismas penurias anteriores, que sufría y lloraba como él, se acercaba, y con comprensión en sus ojos, decía:
—En Educación Física me llamaban lento; en Matemáticas, bobo; y en Historia, empollón. Pero sigo aquí.
Obra de referencia:
Basado en Invisible de Eloy Moreno: la historia de un niño que sufre acoso escolar