Profesor: Alicia Rodrigo Fernández
2º ESO - Aula: A
Microrrelato:
Sangre y cuerdas
¿Verdaderamente cree, querido lector, que la música no puede hacerle ningún daño? Probablemente deseará no haber leído esto y se lo pensará dos veces antes de comprarse un instrumento.
Mendo era un amante de la música desde que tenía seis años pero el 4 de diciembre de 1851 era un día especial porque su abuelo iba a regalarle una vieja viola. También le advirtió que, al quedársela, asumía una responsabilidad muy grande y que debía cuidarla bien. Y así fue porque desde el siguiente día, en que su abuelo falleció misteriosamente, la cuidó como si fuera su hija y llegó a sentir cierto amor por ella; parecía que tenía alma propia.
Un día que su familia, excepto él y su padre, se había ido al pueblo, Mendo tocaba tranquilo en su habitación. Su padre, ebrio, volvía de la taberna y cuando escuchó el hipnotizante sonido de la viola, subió a su habitación, tomó el instrumento y lo arrojó escaleras abajo. Mendo tenía una conexión tan íntima con ella que asesinó a su padre con una daga.
La viola había quedado intacta pero Mendo la tiró al río para que no le siguiera controlando más, aunque lo que él no sabía era que ese instrumento no estaba destinado a perderse. Después prendió fuego a su casa para que no quedaran pruebas de su homicidio y se fue a dormir a casa de sus tíos.
Al día siguiente, Mendo se fue a ver cómo había quedado su casa y, cuando pasaba por el centro de la ciudad, vio que estaban subastando su viola y en ella aparecía una inscripción «4 de diciembre de 1851». Mendo comprendió que la viola no le dejaría de perseguir jamás así que, con una horca, decidió quitarse el sufrimiento.
Obra de referencia:
Pedro Muñoz Seca, "La venganza de don Mendo"