Profesor: Iván Platero Moreno
3º ESO - Aula: 3º ESO A
Microrrelato:
Calisto ya no sabía qué hacer para que Melibea contestara sus mensajes. Desesperado, buscó a Celestina. Ella no usaba pociones, sino capturas de pantalla y secretos robados…
“El amor es un código que yo sé descifrar”, decía, mientras aceptaba el sobre con dinero que Calisto le brindaba bajo la mesa de aquella cafetería.
Pocos días después, Melibea al fin abrió su puerta: no fue gracias a la magia, sino debido a que un número desconocido la estaba chantajeando con revelar sus secretos más íntimos si no aceptaba ver a Calisto. Pero el engaño tiene las patas muy cortas.
Pármeno y Sempronio, amigos de Calisto, le ayudaron a preparar la cita. Sin embargo, sintieron una gran envidia al conocer la cantidad de dinero que Calisto había pagado a Celestina…
Esa misma noche, tras su primera cita, mientras Calisto escalaba hacia la ventana de su cuarto para espiar a Melibea mientras esta dormía, recibió una notificación: habían encontrado el cuerpo sin vida de Celestina tirado en un callejón. Su impresión fue tan grande que cayó al vacío con el teléfono aún en mano.
Melibea, tras despertar por un ruido procedente de fuera, se asomó rápidamente por la ventana y vio a Calisto, inmóvil, en el suelo. Bajó hacia él y, al ver el teléfono en su mano, sintió curiosidad. Lo agarró y vio la noticia de la muerte de Celestina. Acto seguido, accedió a sus chats y leyó las conversaciones que habían mantenido Calisto y Celestina. Fue entonces cuando descubrió que quien la extorsionaba era nada más y nada menos que la Celestina, una mujer sin escrúpulos, conocida en el barrio por descifrar las contraseñas -y los secretos- de todos.
Melibea miró por última vez el cuerpo de Calisto, se dio la vuelta y simplemente siguió su camino, sin mirar atrás…
Obra de referencia:
La Celestina, de Fernando de Rojas