Profesor: Iván Platero Moreno
3º ESO - Aula: 3º ESO A
Microrrelato:
En la oscuridad de su casa, entre olores rancios y polvo acumulado, Celestina entendió por primera vez que, ni con todo el ingenio del mundo podía evitar al destino.
Durante años había cultivado romances ajenos, como quien arregla una vieja capa: con paciencia, con astucia… y sin implicarse jamás.
Pero entonces apareció Calisto.
Lo había visto antes, claro. Un joven adinerado, envuelto en su pasión por Melibea. Nada nuevo para ella. Sin embargo, aquella tarde, cuando Calisto fue a suplicarle ayuda, algo cambió.
Él hablaba con rapidez, con la mirada encendida y la voz rota por la desesperación. Celestina lo miraba desde su viejo y desgastado sillón, aparentando indiferencia mientras contaba monedas con sus dedos torcidos. Pero, en realidad, escuchaba cada palabra como si fuera un secreto que nadie más debía saber.
- Haré que Melibea te ame -dijo finalmente, con su sonrisa torcida y marchita.
Calisto le cogió las manos con gratitud.
Aquel gesto fue conciso, casi insignificante e imperceptible. Pero en el corazón de la vieja alcahueta nació un sentimiento de calidez inesperado. Hacía siglos que nadie la tocaba así: sin miedo, sin desprecio, sin ningún interés oculto. Aquella noche no pudo pensar en otra cosa.
Mientras preparaba sus pociones y artimañas comenzó a odiar cada paso de su propio engaño: cuanto más éxito tuviera su plan, más se alejaría Calisto de su vida.
“Vieja insensata”, se murmuró. “¿Desde cuándo deseas lo que vendes?”
Aún así, siguió adelante, porque conocía bien cómo son los amantes: pagan bien, y las ilusiones se cobran caras.
Y así, mientras tejía el amor entre Calisto y Melibea, Celestina descubrió que, por primera vez, había caído presa en la misma red que durante años había tejido para otros. Y no había ningún hechizo, ni joya, ni ingenio capaz de salvarla de ese destino.
Obra de referencia:
La Celestina, de Fernando de Rojas