Profesor: Óscar Lois García
3º ESO - Aula: GRADO BÁSICO
Microrrelato:
Cuando acepté el trabajo en aquella casa enorme, pensé que sería temporal. Necesitaba dinero y un lugar donde esconder mis propios errores. La fachada blanca brillaba bajo el sol, perfecta como una sonrisa ensayada. Pero nada más cruzar la puerta, supe que allí dentro las sombras tenían nombre.
La señora me recibió con un abrazo inesperado, demasiado fuerte para ser amable. Me habló de normas sencillas: no hacer preguntas, no cerrar con llave mi cuarto, no mirar los cajones del despacho. Sonreí y asentí, porque siempre he sabido fingir obediencia.
Los primeros días limpié cada rincón con devoción. Sin embargo, cuanto más pulía los espejos, más distorsionada veía mi imagen. Por las noches, escuchaba pasos en el pasillo, susurros que se apagaban cuando abría la puerta. Una vez, encontré mi maleta abierta, la ropa doblada con un cuidado que no era mío.
Comprendí entonces que no me habían contratado, me habían elegido. Yo era otra pieza en su teatro doméstico, la testigo silenciosa de discusiones ahogadas tras paredes gruesas. El señor casi no me miraba, pero a veces dejaba caer frases a medias, como si quisiera advertirme.
Una madrugada, la señora llamó a mi puerta. Tenía los ojos hinchados y una sonrisa torcida. Me pidió que la ayudara a limpiar una mancha oscura en la alfombra del salón. Mientras frotaba, sentí su mirada clavada en mi nuca.
No pregunté de qué era aquella mancha. Solo entendí que la casa exigía silencio a cambio de techo. Y cuando terminé, supe que ya no podría marcharme. Porque ahora también yo guardaba un secreto, y en esa casa los secretos nunca se iban, solo cambiaban de dueña.
Desde entonces, cada mañana sonrío frente al espejo, practicando la versión de mí que ellos esperan, mientras por dentro aprendo a sobrevivir. Hasta escapar algún día.
Obra de referencia:
La autora es Freida McFadden que escribe novelas de misterio y thriller psicológico y la obra de lectura es La asistenta.