Profesor: Montserrat Trenado Gonzalez
3º ESO - Aula: 3º ESO A
Microrrelato:
El algoritmo de los espejos rotos
En el reino de Lumaria, donde los retratos flotaban en el aire y los halagos se repetían una y otra vez, la princesa Leonor era la más admirada. Cada mañana, los espejos inteligentes cambiaban su reflejo para que siempre se viera perfecta. Y cada tarde, todos en palacio le decían lo mismo. No necesitaba nada más.
—Si todo ya está a mi favor —dijo un día—, ¿para qué aprender?
Eva, su mayordoma, no contestó con palabras. Se acercó a un espejo y lo apagó. Por primera vez, el reflejo de Leonor dejó de ser perfecto.
—Ven —le dijo—. Quiero enseñarte algo.
La llevó a una sala olvidada, donde los espejos no estaban controlados. Allí, las personas se veían tal como eran, sin filtros ni mejoras. Leonor se miró y se sintió rara, como si no se reconociera del todo.
—Hace años —empezó Eva—, yo también vivía rodeada de espejos perfectos. Pensaba que con existir era suficiente.
Leonor la miró, sorprendida.
—¿Y qué pasó?
—Todo cambió —respondió Eva—. Llegaron otras personas, y yo dejé de ser importante. Cuando los espejos dejaron de favorecerme, me di cuenta de que no sabía quién era sin ellos.
El silencio fue incómodo.
Leonor volvió a mirar su reflejo, esta vez sin perfección.
—Entonces… ¿todo esto puede desaparecer?
Eva asintió.
—Sí. Todo lo que no construyes con esfuerzo puede perderse.
Leonor respiró hondo.
—Quiero ser algo más que una imagen.
Eva sonrió.
—Entonces tendrás que aprender a ser y no solo a parecer.
Y por primera vez, los espejos no dijeron nada.
Obra de referencia:
El conde Lucanor de Don Juan Manuel