Profesor: Montserrat Trenado Gonzalez
3º ESO - Aula: 3º ESO A
Microrrelato:
El saco roto
Hablaba la condesa de tres cantos con Patronia y le dijo:
—Patronia, una joven de mis tierras ha comenzado un pequeño negocio y, por querer ganar más de lo debido, arriesga lo que ya tiene seguro. Temo que su ambición la lleve a la ruina.
¿Qué me aconsejáis? respondió Patronia:
—Señora condesa, para que sepáis qué conviene hacer, escuchad lo que sucedió a una muchacha llamada Amelia.
Amelia vivía con su madre en una casa humilde junto al mar. Un verano, recogieron sal de unas pequeñas salinas y la guardaron en un saco para venderla en el mercado. Con esfuerzo lograron llenarlo casi por completo. La madre, prudente, dijo:
—Hija, con esto tendremos suficiente para pasar el invierno. No conviene cargar más el saco.
Pero Amelia, ilusionada con comprar telas nuevas y adornos brillantes, respondió:
—Si añadimos un poco más, ganaremos más monedas. El saco resistirá.
Y, sin atender a los crujidos de la tela, siguió echando sal. Cuando intentó levantarlo para llevarlo al mercado, el fondo se abrió y la sal se derramó sobre la arena húmeda. El agua del mar la deshizo en instantes. Madre e hija contemplaron, en silencio, cómo el trabajo desaparecía ante sus ojos.
La madre, sin reproches, le dijo:
—No perdimos la sal por necesidad, sino por no saber detenernos.
Entonces Amelia comprendió que su deseo desmedido no había roto solo el saco, sino también la oportunidad de asegurar el invierno.
—Y vos, señora condesa —concluyó Patronia—, advertid a esa joven que se contente con ganancia justa, pues la avaricia rompe el saco y deja las manos vacías.
La condesa tuvo por bueno el consejo y así lo hizo. Y la enseñanza fue esta:
Quien por querer más de lo que cabe cargar,
rompe su saco y todo puede perder.
Obra de referencia:
El conde Lucanor de Don Juan Manuel