Profesor: Ana María Álamo Hernández
2º ESO - Aula: 2º D- COLEGIO JUAN PABLO II-ALCORCÓN
Microrrelato:
El hidalgo estaba desfallecido después de la batalla contra el ejército de Alifanfarrón de la Trapobana, que en verdad era un simple rebaño de ovejas que el caballero había confundido con una armada. Estaba tendido en el suelo, con el cuerpo asolado pero henchido de orgullo porque había alcanzado la gloria después de vencer a las tropas.
Aún seguía postrado sobre la tierra cuando un mortal se le acercó. Este poseía un rostro curtido, unos ojos color ceniza y una cicatriz en el pecho.
- Mi nombre es Rodrigo. He luchado junto a los Tercios y combatido en Lepanto -dijo con voz grave mientras lo ayudaba para ponerse en pie. - He visto a muchos hombres luchar, pero no a todos hacerlo con tal valentía. Señocaballero, permita a este veterano cubrir sus espaldas mientras contiende contra los escuadrones.
Un sentimiento de orgullo recorrió el cuerpo del caballero. Se sentía como un rey que condecía el honor de su compañía a un inferior.
- ¡Bendito seas Rodrigo! - festejó. - Al fin el cielo se ha compadecido de este Caballero de la Triste Figura y ha querido que un hijo del hierro se comprometiera con un flaco hidalgo y un fiel escudero. - Bienvenido, curtido infante. Su llegada es todo un honor para mí. Espero que vuestra merced tenga un poco más de juicio que mi señor. - Respondió Sancho
Panza. La hueste avanzaba por la colina. La encabezaba el justiciero soñador, que continuaba sumergido en sus historias de caballeros donde él era el protagonista, Sancho Panza su fiel ayudante y Rodrigo su brazo derecho. El buen panza estaba más sosegado después de la llegada del antiguo combatiente. Rodrigo, por otra parte, sentía la necesidad de sostener el velo de las ilusiones de Don Quijote . Juntos comenzaron una nueva travesía.
Obra de referencia:
(Adaptación de Don Quijote de la Mancha, capitulo XVIII)