Profesor: Trinidad Juárez Arias
3º ESO - Aula: ´3ºESO A
Microrrelato:
La primera vez que empecé a trabajar para Don Mauro pensé que había tenido suerte.
El bar estaba en una calle poco concurrida del barrio, era de esos sitios que no se habían
reformado desde hace un buen tiempo. Acababa de cumplir dieciséis y por fin podía trabajar,
en casa no teníamos para comer más de una vez al día y casi ni teníamos donde caer muertos.
Don Mauro decía que yo era rápido y eficaz, justo lo que le hacía falta, cobraba una miseria,
aunque trabajase jornadas completas, la verdad dudo que fuera legal.
Al principio solo limpiaba mesas y atendía a clientes, todo normal. Nada raro. A veces Don
Mauro me llamaba desde la cocina.
—Chico, lleva esto a la mesa del fondo.
Era siempre lo mismo, un sobre que debía entregar a alguien que no pedía comida ni bebida.
Hablaba poco y lo más extraño era que siempre pagaba en efectivo.
Yo no preguntaba nada. En la calle aprendes rápido a no hacer demasiadas preguntas.
Un día, mientras sacaba la basura, escuché a dos hombres discutir.
—El crío ve demasiado —dijo uno.
—Tranquilo —respondió Don Mauro—. Tiene hambre. Y el hambre enseña a callar.
Sentí un escalofrío recorriéndome el cuerpo.
Desde ese momento empecé a fijarme más, sobre todo en conversaciones cortadas de forma
abrupta cuando yo pasaba cerca.
Anoche ocurrió algo fuera de lo normal.
Don Mauro me dio un sobre más grueso que los demás.
—Esta vez llévalo al callejón de atrás —me dijo—. Y no lo abras recalcó.
Asentí, como siempre.
Pero ahora estoy sentado en el bordillo del callejón, con el sobre en las manos.
Y por primera vez desde que empecé aquí, estoy pensando en abrirlo
Obra de referencia:
Microrrelato basado en "El Lazarillo de Tormes"