Profesor: Leonor Novoa Gil
3º ESO - Aula: Intrépidas
Microrrelato:
El semáforo en rojo
Nunca le dejaban hacer nada. Absolutamente nada.
- Pero, ¿por qué no puedo, mamá?
- Porque lo digo yo y punto - respondía su madre - o porque no.
Sara tenía diez años y vivía en Nueva York. Le decían que las grandes ciudades esconden peligros, pero ella solo veía calles por descubrir.
Aquel día no fue al colegio. Pero no le importó. No lo hizo con premeditación, fue simple curiosidad.
Salió de casa con su sudadera roja y empezó a caminar hasta un semáforo. Estaba en rojo. Decidió no esperar al verde y giró a la izquierda. Ese sería su juego: en cada semáforo en rojo, cambiaría de rumbo.
Al principio era divertido. Nadie la miraba. Era invisible.
Siguió avanzando entre calles, escaparates y gente con prisa. Tan ensimismada estaba con el juego que no se dio cuenta de lo lejos que estaba. Las calles se volvieron angostas y los edificios grises. Entonces tuvo miedo.
Un grupo de jóvenes la miró.
- Bonita sudadera ¿Estás sola?
Las palabras de su madre resonaron en su cabeza y salió corriendo. Quizá no estaba tan equivocada.
Corrió sin mirar atrás. Le parecía que alguien la seguía.
Finalmente se detuvo sin aliento. Por primera vez quiso volver de verdad, pero no sabía cómo.
Entonces vio el río y se tranquilizó. Estaba cerca.
Cruzó el puente.
Por fin, llegó a casa de su abuela y llamó al timbre.
- Has tardado - le dijo abriendo la puerta.
- Me he perdido.
- ¿Y qué has hecho?
- Seguir.
- Entonces no estabas perdida.
Sara pensó en el semáforo en el miedo, en su madre…
Entonces aprendió algo que nadie le había explicado nunca.
Obra de referencia:
Microrrelato inspirado en la novela Caperucita en Manhattan de Carmen Martín Gaite