Profesor: Amaia Zulet Fraile
3º ESO - Aula: 3º ESO C
Microrrelato:
El sol descendía en el horizonte, tiñendo las nubes de tonos rosas y anaranjados. El cielo se fundía en el mar dorado como nunca se había visto. Era un atardecer hermoso, el más resplandeciente en años. Pero no podía pensar en ello, no con su mente puesta en él.
Ese acantilado era el lugar preferido de Calipso, el único sitio que le permitía ver más allá del océano, la única chispa de esperanza, de que alguna vez tendría la oportunidad de escapar de la isla en la que había pasado toda su vida inmortal.
Aunque, por mucho que deseara sentir todo ello ahora mismo, no podía permitirse el simple hecho de alzar la mirada. Porque entonces, en mitad del mar cerúleo, encontraría aquella balsa que, tras partir, se llevó consigo todo lo que la diosa apreciaba, es más, amaba.
De solo desviar su mente un segundo al hombre que había cambiado su vida, la tristeza y las lágrimas se multiplicaron. Las gotas saladas y brillantes como perlas se deslizaban por sus mejillas y se fundían en el suelo como si de lluvia se tratasen. O, mejor dicho, de tormenta.
Una tormenta... La última vez que Zeus había enviado su tempestad, sus rayos, a la isla de Calipso, el mar arrastró algo más. Aquel hombre tendido en la costa le había hecho feliz. Le hizo sentir algo que encontraba imposible, amor. Si la inocente Calipso de hace siete años hubiese sabido lo que esto le haría sufrir...
¿Qué había hecho para recibir ese castigo divino? Por más que los complaciese, llevaba siendo reprimida por los dioses desde su infancia. Esta vez no, se negaba a darles la satisfacción de verla llorar tras despojarla de todo lo que quería. Porque solo tenía una cosa clara. No se arrepentía de haberlo amado.
Obra de referencia:
La Odisea, de Homero