Profesor: Adrián Iglesias
2º ESO - Aula: 2ºA
Microrrelato:
Anoche, cuando me levanté a apagar la luz, vi algo moviéndose en el suelo. Pensaba que era la sombra de algún coche, pero era mi sombra. Estaba quieta, mirándome, como si no me reconociera.
Me acerqué despacio. Estaba… cambiada. Era más pequeña, como la de una niña. Había algo en ella que me resultaba familiar, aunque no sabía decir por qué. Al mirarla más detenidamente, sentí que la había visto antes, pero sin saber dónde. Entonces, la realidad me vino de golpe. Siempre había estado ahí, pero no me quise dar cuenta: las sombras no crecen, nos siguen paso a paso, acompañándonos en nuestro camino, guardando la forma de quienes fuimos para que no sea olvidado. Y esa sombra pequeña… era yo; bueno, la que fui.
Con un nudo en el pecho, le tendí mi mano y se pegó a mí con un pequeño suspiro, como si hubiese encontrado lo que buscaba. Sentí un tirón suave que me llevó hacia la ventana, como una invitación; no para volar, sé que esas cosas no pasan, sino para recordar. Cuando abrí la ventana y contemplé la noche de Madrid, vi que el cielo estaba oscuro, lleno de estrellas, como si fueran pequeños recuerdos que brillaban para ser recordados. El sonido del viento sonó igual que mi voz de cuando era pequeña, esa que jamás paró de soñar. Una lágrima recorrió mi mejilla; sentí el roce de mi sombra, consolándome.
Entonces, una estrella destacó, brillando con más fuerza que las demás, y lo supe: ese era mi recuerdo de Nunca Jamás. Cerré los ojos. Por primera vez me sentí llena, como si mi niña interior, la que creía en aventuras, piratas y hadas, volviese a estar conmigo. Entendí que crecer no es dejar atrás a la niña que fuimos, es aprender a crecer con ella.
Obra de referencia:
"Peter Pan" de J.M. Barrie