Profesor: Herlynda Besteiro MartÍnez
4º ESO - Aula: 4ºESO
Microrrelato:
La noche sobre la vieja casona no era solo oscura; era densa, cargada de un silencio que parecía presagiar lo inevitable. En la cocina, bajo la luz mortecina de una lámpara amarillenta, Carmen movía la cuchara dentro de su taza con una calma mecánica. El tictac del reloj de pared, que marcaba las 5:15 de la mañana, era el único sonido que competía con el silbido lejano del viento.
De pronto, el chirrido de una puerta rompió la quietud. Pasos pesados y torpes avanzaron por el pasillo.
—¿Mamá? —la voz de Julián sonaba pastosa, cargada de una culpa que intentaba disfrazar de cansancio—. Perdona, se me hizo tardísimo. Me fui de fiesta con unos amigos... perdí la noción del tiempo. No pude avisarte.
Julián entró en la cocina, tambaleándose levemente. Mantenía la mirada fija en el suelo, evitando el juicio que creía encontrar en los ojos de su madre. Carmen no dijo nada. Se limitó a levantarse lentamente.
—Pero mira, ya estoy aquí —continuó él, con una risita nerviosa—. Hasta me tomé un café para despejarme. Mañana te cuento todo, ¿si?
Julián se acercó para darle un beso de buenas noches, pero ella pasó de largo, como si fuera una ráfaga de aire frío.
Al quedarse solo en la cocina, un vacío le apretó el pecho. Y por primera vez, notó las gotas rojas que caían sobre su rostro.
El pánico lo recorrió como una descarga eléctrica. Se llevó las manos a la herida, sintiendo la humedad caliente que no dejaba de brotar. Entonces recordó: la carretera, las luces fuertes y el fuerte chirrido de los neumáticos antes del impacto.
Miró hacia donde su madre había desaparecido y comprendió.
Ella no estaba enojada.
Simplemente, ya no podía verlo.
Obra de referencia:
Pedro Páramo de Juan Rulfo.En Pedro Páramo, los muertos hablan, caminan y conviven con los vivos sin que estos lo noten de inmediato.