Profesor: Macarena Valero Nieto
4º ESO - Aula: A
Microrrelato:
Pensaba que nunca volvería a Riohacha, pero aquí estoy, arrastrada por la culpa del pasado.
La roja luz del amanecer mancha las casas encaladas y las grietas de las paredes susurran mi nombre mientras camino por las calles polvorientas.
Llego a la plaza y nada ha cambiado, el tiempo no ha pasado. Las viejas siguen sentadas en los mismos poyos de siempre, y los niños juegan al escondite detrás de las columnas de piedra, tan pesadas como mi corazón. Me acerco a la fuente y admiro el agua bailar dulcemente, y por un segundo me relajo, por primera vez en años. Pero de repente, el agua acelera y empieza a caer como una cascada, como mi remordimiento. Cuando pongo mi mano debajo, cada gota me apuñala y la mano me pesa. Miro al recipiente de agua, y veo como el agua se tiñe de rojo, de sangre. Santiago Nasar me sonríe en el reflejo. Pero no es una sonrisa tierna, si no una de venganza, sabiendo que me atormentará el resto de mi vida.
Salgo corriendo y la gente me mira. Saben quién soy, saben lo que hice. El miedo me ahoga mientras corro y el suelo retumba debajo de mí. Giro la esquina y ahí está: su casa. Todavía se aprecian sus huellas en la ventana, aquellas que dejó en la mañana que murió. Lentamente, se abre la puerta y le veo salir, con aquella cara inocente que nunca sospechó la muerte, vestido con esa camisa de lino blanca y aquellos pantalones negros, elegante, formal, indigno de morir de aquella manera. Se acerca a mí lentamente, sus ojos muertos sin despegarse de los míos. Su mano fría agarra la mía, temblando, y la aprieta. “Es todo tu culpa, Ángela” susurra, “Pudiste salvar mi vida pero preferiste salvar tu dignidad”.
Obra de referencia:
Basado en "Crónica de una muerte anunciada" de Gabriel García Márquez