Profesor: Macarena Valero Nieto
4º ESO - Aula: A
Microrrelato:
La casa estaba en silencio, un silencio pesado, marcado por su ausencia. Sentada en la silla mecedora donde Santiago solía acurrucarse cuando todavía era niño, me dejé llevar por los recuerdos. Con cada balanceo, se exponían imágenes en mi mente de su risa, sus juegos, sus primeros pasos, claras y dolorosas. Recordaba aquel día en la playa, cuando Santiago, con apenas cinco años, corrió hacia el mar con sus brazos abiertos, como si pudiera abrazar el horizonte. "¡Mira, mamá, soy más rápido que las olas!", gritaba mientras sus pies descalzos chapoteaban en la espuma. Yo reía, maravillada por su alegría rebosante, por ese brillo de felicidad pura en sus ojos que parecía capaz de iluminar el mundo entero. Ahora, esos mismos ojos estaban ya cerrados para siempre, y no había risas, solo el recuerdo de un dolor inmenso que se quedaría conmigo siempre, hasta el final. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, cálidas y saladas, como aquella agua de mar que Santiago tanto amaba. En la oscuridad de la habitación, acaricié la fotografía que guardaba en el bolsillo de mi vestido. Santiago, con un traje puesto, su sonrisa enorme, llena de esperanza y felicidad. ¿Cómo podía ser que esa vida tan llena de promesas se hubiera acabado de golpe? ¿Cómo podía el mismo pueblo que lo vio crecer y soñar, ser el lugar donde tuvo lugar esta tragedia? Mientras la luz del día se desvanecía dando paso así a la noche, sumida en mis recuerdos, aguardaba a que me devolvieran a Santiago, aunque solo fuera por un instante. Cada recuerdo, un tesoro y, a su vez, un torbellino de emociones, un eco de lo que fue y de lo que nunca volverá a ser.
Obra de referencia:
Basado en "Crónica de una muerte anunciada" de Gabriel García Márquez