Profesor: Elena Viedma Marín
3º ESO - Aula: 3º C
Microrrelato:
Pum-Pum, pum-pum. El sonido resuena en mi cabeza; mis pasos parecen sincronizarse con el constante latido que se filtra en mí, dejando un eco persistente que se fusiona con mi latido. ¿Será su corazón? No, es imposible. Él está muerto. Yo le maté.
Una dosis incorrecta, tan solo un pequeño error, y vi como su vida se extinguía en mis manos.
Intento seguir adelante, concentrarme en mis pacientes, en esas vidas que tengo en mis manos, pero el latido me paraliza. Mis manos tiemblan, algo me impide sostener el bisturí, la culpa me consume, como un incendio silencioso que quema sin dejar huella. ¿Cómo voy a seguir operando, cuando su corazón late en mi mente?
Entonces decido acabar con este tormento y camino hasta el lugar donde todo llegó a su fin, pensando que quizás allí encuentre respuestas. Cada paso que doy intensifica el latido que, desde aquel día, se adueñó de mis pensamientos. Llego y, con la ansiedad oprimiendo mi pecho, abro la puerta.
Ahí está él, esperándome, con la mirada fija en la mía, mientras una lágrima amarga resbala por su rostro. Quiere decirme algo, lo sé, pero hay algo que lo detiene.
A punto de romper yo el silencio, se adelanta y, con la voz temblorosa confiesa:
-Soy la sombra de tus fracasos, la culpa que te persigue; y tan solo asumiéndome podrás seguir adelante.
Sus palabras quedan suspendidas en el aire, esperando una respuesta que no sé si soy capaz de dar. El latido persiste, pero ahora suena distinto, más cercano, más mío. Tal vez siempre lo fue. Tal vez nunca fue su corazón el que escuchaba, sino el eco de mi propia culpa, un recordatorio del peso que cargo y de la verdad que, hasta ahora, me negaba a aceptar.
Obra de referencia:
El corazón delator y otras historias. Edgar Allan Poe