Profesor: Amanda Agüera Redondo
4º ESO - Aula: 4ºB
Microrrelato:
Los viajeros hablaban de ellas en voz baja, como si estuviese prohibido nombrarlas. En las tabernas y en los mercados se contaban diferentes historias: algunos decían que habían muerto de la tristeza, otros aseguraban que habían tomado el camino de la venganza; pero nadie, ni siquiera los más viejos, podía decir con certeza qué había sido de aquellas muchachas.
En el monasterio donde solían rezar, las monjas aún encendían dos velas al anochecer. Eran pequeñas llamas en unas velas desgastadas por su uso colocadas sobre la fría mesa de mármol.
De repente, en mitad de la noche, se oyeron unos golpes en la puerta principal. Una de las hermanas que ahí habitaban abrió la puerta. Afuera, la niebla cubría el sendero, dos figuras envueltas en capas oscuras se encontraban tras la puerta
—Buscamos refugio —murmuró una de ellas.
Las desconocidas se arrodillaron ante el altar y se pusieron a rezar en silencio. La religiosa las observaba atentamente. Algo en ellas le resultaba familiar, aunque su memoria no lograba recordarlo.
—¿Han venido desde lejos? —preguntó con voz pausada.
—Desde más allá de la muralla—respondió una de ellas.
—Las velas aún arden por vosotras—susurró la monja.
Ellas se miraron por un instante. Sus capas ocultaban más que sus rostros; bajo aquella tela se escondían las huellas de un pasado que nadie se atrevía a nombrar en voz alta, la historia de dos chicas que habían heredado no solo la sangre de un guerrero que ha batallado en toda Castilla, admirado y respetado por todos sus enemigos montando a Babieca y empuñando a Tizona, sino también su destino.
Obra de referencia:
La alumna ha decidido relatar el sino de las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar. El año pasado, leyeron multitud de fragmentos del Cantar de Mio Cid en clase, ya que era temario de la asignatura.