Profesor: Ana Isabel Bellerin
3º ESO - Aula: B
Microrrelato:
La esencia veraniega, oxidada casi por completo, le dejaba paso a un crudo otoño, en el que las hojas caían débiles sobre la tierra, reencontrándose con ella como viejas amigas. Un paisaje que, por instantes, se asemejaba a la pureza de su alma, justo antes de ser manchada por el pecado.
La imagen del chico se reflejaba en el espejo, plasmando en el vidrio sus cabellos rubios, que caían sobre su frente, y sus ojos claros, tan fríos como la luna. Su belleza era cruelmente perfecta, casi irreal.
La brisa otoñal se colaba por las ventanas, y los rayos de sol que se posaban sobre su rostro resaltaban su atractivo. El espejo reflejaba la silueta de un ángel que, con el paso de los años, no sería más que polvo, el recuerdo de una juventud mal aprovechada. Pero Dorian no podía permitirse tal cosa: su esplendor debía ser eterno.
El chico salió del baño, enfurecido. Las agujas del reloj vital atravesaban su piel, recordándole las palabras de su amigo Henry Wotton: «cuando la edad te arrebate tu encanto, querido Dorian, lo habrás perdido todo».
Subió al dormitorio, donde yacía su preciado retrato. En cada pincelada, existía el tortuoso recuerdo de que su físico era su posesión más preciada, y que tarde o temprano se desvanecería.
El joven Gray maldecía el cuadro, cegado por la envidia.
—Aunque mi ser se manche del más irreversible pecado —exclama, hincando las rodillas en el suelo, apretando los puños—, mi belleza y juventud han de ser inmortales. No podría aceptar tal destino como la vejez.
Como por arte de un oscuro milagro, sintió una fría puñalada atravesando su corazón. Una gota de sangre corrió por su mejilla, simbolizando el pacto. Un pacto peligroso, que pudriría su alma, pero que jamás se manifestaría en su cuerpo.
Obra de referencia:
El Retrato de Dorian Grey en el que se muestra magistralmente como un joven puede vender su alma al diablo, su autor Oscar Wilde es un autor del siglo XIX. Originalmente publicada como cuento.