Profesor: María Lucaya Castán
3º ESO - Aula: 3º eso 24-25
Microrrelato:
Toledo estaba a oscuras, pero Lázaro veía todo muy claro. No volvería a someterse al yugo de otra persona. Tomaría las riendas de su propia vida. El ciego le llamaba gritando, pero Lázaro ya no escuchaba nada que no fuera su corazón.
El cielo lloraba sobre Lázaro cuando decidió robar bodigos al avaro clérigo que tanta hambre le hacía pasar. Le había estado observando durante días y estaba todo perfectamente planeado. Echó un vistazo al camastro y le vio dormido, agarrado a su garrote. Metió la mano por el agujero que había logrado abrir y cuando pensaba que lo había conseguido, una mano le cogió del hombro.
-¡Ladrón!- oyó decir al clérigo mientras descargaba su bastón. Consiguió esquivarlo y corrió hacia la plaza, donde las gentes de Maqueda se habían reunido para ver qué podía haber ocurrido para que el cura diera tales gritos.
Asustado, Lázaro intentó huir a través de la multitud, pero cerraron el círculo, haciendo que se diera la vuelta y viera al clérigo avanzar hacia él gritando -¡Ladrón!-.
Quiso defenderse y hablar, pero las palabras se agolpaban en su garganta sin atreverse a salir. No hubo juicio, solamente una sentencia dictada por el avaro hombre al que Lázaro tenía por amo. Casi sin darse él cuenta, el garrote cayó sobre su cabeza fuertemente, provocando que cayera al suelo como un muñeco al que han cortado los hilos.
La pantalla se tiñó de rojo y parpadearon las palabras “Game over”.
-¡Otra vez no!- se disgustó Nico.
Apagó la consola y se tiró a la cama.
-Ojalá mi vida fuera tan interesante como la de Lázaro- se dijo mientras miraba al techo.
Cuántas personas pensarían que arriesgar la vida a diario supone una fantástica sensación de aventura, y cuántas dirán que la normalidad es algo mucho más emocionante.
Obra de referencia:
Lazarillo de Tormes, Anónimo