Profesor: María Lucaya Castán
4º ESO - Aula: 4º eso 24-25
Microrrelato:
—Vuelva usted mañana, que suficiente tiempo me ha enredado hoy. — Ella, con su voz suave pero decidida, y con una sonrisa en su cara decía.
Y el extranjero, deseando quedarse toda la vida, respondía:
—Mañana y a la misma hora, señorita.—
Él llevaba 3 meses en ese pueblecito, el trabajo le había guiado allí, pero otra cosa era la que le retenía. Siempre, después del mediodía, el extranjero cruzaba la plaza con sus pasos llenos de esperanza, con el único fin de entrar en aquella especial panadería. Él, sonreía tímido, y ella, entre la harina y el calor del horno, correspondía con una mirada que hablaba más de lo que las palabras podrían expresar.
Pasaron los días, y aquella maravillosa rutina se repetía. Cada tarde, él se acercaba con la misma sonrisa nerviosa, y ella, con un destello en los ojos, lo saludaba y le entregaba el habitual café y croissant. Pasaron los días, y las palabras se volvieron un susurro entre ellos, como si el aire mismo los empujara a acercarse. Poco a poco, esos susurros dejaron de ser necesarios, ya no necesitaban las palabras para entenderse, sus almas se habían empezado a mezclar, y no había una sin la otra. Pasaron los días, y el extranjero se dio cuenta de que el tiempo se había colado en su vida, envolviéndolo sin que él pudiera hacer nada por evitarlo.
Pasaron los días, y el mundo ya no era el mismo, la gente no lo era, las calles tampoco, y lentamente estos panaderos fueron cambiando. Dejando únicamente intactas sus almas, y las costumbres construidas entre ellos.
—Vuelva usted mañana—seguía diciendo, cada noche, aquella dulce mujer mientras sonreía.
—Mañana y a la misma hora, señorita—respondió el ya no tan extranjero, mirando a aquella anciana mujer, mientras cerraban juntos su pequeña panadería.
Obra de referencia:
Inspirado en Vuelva usted mañana de Mariano José de Larra.