Profesor: Elisa Carbajo Sanz
2º ESO - Aula: 2 A
Microrrelato:
MEMORIAS
Cinco segundos. Eso es lo que tarda un Mercedes en pasar de 0 a 100 km/h. Y tan solo cinco segundos es lo que necesitaba yo para acabar con esta pesadilla.
Kai contemplaba el atardecer a través de las oxidadas rejas de su balcón, mientras la cabeza le daba vueltas.
- ¿Debería? ¿Acaso le importaría a alguien? Y lo más importante, ¿llenaría eso un vacío interior? -
Miró hacia arriba, las primeras estrellas aparecían tímidamente en el cielo nocturno, y lo volvió a sentir: los remordimientos del pasado, la duda, la frustración de estar acompañado y sentirse solo, necesitar a alguien y no saber cómo decirlo, la opresión en el pecho que sentía cada día y que se volvía insoportable.
Aquellos pensamientos le invadieron la cabeza y empezó a perder la razón.
Llorando sin motivo aparente, me senté en el balcón con las piernas mirando hacia fuera y las manos apoyadas. Cuando el cielo estaba mayormente cubierto de estrellas, respiré hondo, y empecé a contar:
-Cinco… cuatro… tres… dos… un…-
No había terminado de contar cuando alguien me abrazó por la espalda.
-Por favor...- sollozó una voz familiar. Aquella visión me destrozó por dentro. Aferrada a mí estaba ella, Hanna.
Ese abrazo me salvó del vacío de mí mismo, con el que vi un rayo de luz dentro de mi mundo de oscuridad, con el que dejé de pensar en todo mientras duró. Aquel simple gesto en el momento que más lo necesitaba, que tanta tranquilidad me había transmitido y que me había hecho sonreír por un segundo.
No hicieron falta palabras. Una lágrima rodó por mi magullada mejilla hasta terminar en su hombro, mientras ella lloraba desconsoladamente.
En ese momento fue cuando asimilé que la voz que me decía “hazlo” enmudeció repentinamente.
Obra de referencia:
Tras la lectura de "Pulsaciones" de Javier Ruescas se ha inspirado para realizar este relato.