Profesor: Eduardo Méndez Gómez-arevalillo
3º ESO - Aula: 3ºB
Microrrelato:
De fondo, se escuchaba el sonido de las locomotoras de los trenes que entraban y salían de la estación de Estambul. Entre el murmullo, el desorden y el caos, Cassetti iba a subirse al Orient Express. Antes, se dirigió hacia un lugar tranquilo y reservado, para hablar con Hércules Poirot.
Cuando pasó Poirot, Cassetti le hizo una seña para que se acercara. Una vez lo tuvo delante, mirando a ambos lados, se aseguró de que nadie les estaba observando, y bajando el tono de voz dijo:
– Señor Poirot, tengo una cosa importante que decirle, sospecho que los pasajeros a bordo del Orient Express quieren matarme y me gustaría que usted, por primera vez en su vida se centrara en que no ocurriera el crimen y así luego no tendría que resolverlo. ¡ Poirot, mi vida está en peligro y sólo usted puede salvarla!
– Haré todo lo que esté en mis manos. – Respondió Poirot con serenidad
Unas horas después de haber salido, el tren se detuvo. A Poirot se le encendieron las alarmas, pensando que el parón había sido provocado, y podrían aprovechar la distracción para matar a Cassetti. Sin embargo, al enterarse de que la razón de la detención fue la nieve, se tranquilizó.
Se despidió de Cassetti y se fue a su compartimento a descansar. Antes de dormir, Poirot, se quedó absorto en sus pensamientos reflexionando sobre cómo podrían asesinar a Cassetti.
A la mañana siguiente, cuando se levantó, fue a saludar a Cassetti a su compartimento, y, para su sorpresa, cuando entró, vio que estaba muerto.
Finalmente, Poirot llegó a la resolución del caso. No obstante, el hecho de no haber podido salvar a Casetti, dejó a Poirot muy tocado. Esa fue la única mancha en la exitosa carrera de Hércules Poirot.
Obra de referencia:
Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie