Profesor: Eduardo Méndez Gómez-arevalillo
4º ESO - Aula: 4ºB
Microrrelato:
Era una mañana sombría. No había rayos de sol chocando contra la colina y solo se escuchaba el croar de las ranas en el río. A lo lejos, los silenciosos y modernos trenes llegaban a la estación repletos de trabajadores, listos para empezar una jornada laboral. El anciano Daniel caminaba solo, lenta y pesadamente proveniente de la estación. Su regreso al pueblo se debía a su obligatoria prejubilación. Añoraba esos ratos con sus amigos bañándose en el río, jugando en el campo e incluso molestando a las tres Guindillas. Pasó por el río, sucio y solitario debido a las nuevas fábricas, mientras la pena le invadía. En aquel lugar habían pasado días enteros. Fue donde descubrió el significado del pudor, de la amistad, de la muerte…
Pasó por la casa del Indiano, y solo se dio cuenta de donde estaba cuando vio aquel gran manzano. Una sonrisa asomo por unos instantes en su cara. Penso en la Mica y su tonto enamoramiento adolescente. La sonrisa se borró al ver la antigua lechería cerrada. Recordó a su difunta esposa, la Mariuca. Una lágrima resbaló por su rugosa mejilla.
Cruzó la plaza, la ausencia de risas reverberaba en el lugar. No oía niños jugar. Todos estaban en sus casas enganchados al inmenso mundo virtual que solo ellos entendían.Continuó su camino hacia las afueras. Se fijó en su destino, un moderno edificio de hormigón. En un banco junto a una enfermera estaba Moñigo.
-Moñigo, hoy he estado en el río, donde jugábamos, ¿te acuerdas?
Silencio. El viejo Roque llevaba años sin decir una palabra. Su antigua rudeza había desaparecido.
El Mochuelo venía al pueblo para recordar buenos momentos, y ahora solo quería marcharse y olvidar todo. Ya nada le ataba al pueblo. Nada le ataba a la vida.
Obra de referencia:
El Camino de Miguel Delibes