Profesor: Eduardo Méndez Gómez-arevalillo
4º ESO - Aula: 4ºA
Microrrelato:
Solo recuerdo que daba miedo. La libertad daba miedo. Después de más de quince años preso, de repente, te soltaban a la calle.
No dijeron nada. Solo la puerta abierta y el aire frío en la cara. En la mano, mi única posesión: una hoja, una palabra: "Exconvicto".
La miré. No podía dejar de mirarla. No era solo tinta. Era lo que todos verían al mirarme. Lo que me condenaría a ser menos que nadie.
No sé cuando exactamente, pero el hambre llegó pronto. Creo que fue al pasar delante de una panadería. El olor a pan caliente me golpeó con violencia. No entré. No podía. No solo porque no tuviera dinero, sino porque no sabía cómo hacerlo. ¿Se entra primero y se pregunta después? ¿Se mira el pan antes de hablar? ¿O se dice el precio y luego se recibe el pan? En la prisión, la comida llegaba sin preguntas. Aquí, todo era distinto.
Me alejé.
Pasé calles llenas de sombras humanas, encogidas contra los muros. Miré mientras un anciano hundía las manos en un contenedor y sacaba un trozo de carne gris. Hedía a basura, a derrota, a resignación. A mi futuro. Al futuro que habían escrito para mí.
Miré el papel. Ese pedazo de tinta que decidiría qué puertas seguirían cerradas. Lo sostuve un momento, leyendo la condena que llevaba escrita, y encendí una cerilla. La palabra seguía ahí, burlándose de mí, prediciendo un futuro de pobreza. La acerqué al fuego. Esperé a que terminase de arder y me fui.
Tendría que desaparecer. Empezar de cero en algún lugar. Sólo sabía que cuando la noticia llegara a las autoridades, ya habría dejado de ser aquel hombre marcado, el que todos miraban con miedo.
Iba a cambiar. Nadie me iba a poder reconocer. Ni siquiera yo mismo.
Obra de referencia:
Los Miserables de Víctor Hugo