Profesor: Gemma Anguix García
3º ESO - Aula: 3º ESO D
Microrrelato:
Una de las mañanas en casa del clérigo, con las tripas protestando por la falta de alimento, decidí que ese día no pasaría hambre. Después de que mi amo saliera de casa de camino a la iglesia, me puse mis mejores galas (la misma ropa de siempre) y salí decidido a conseguir un poco de limosna.
Para mi absoluta sorpresa, al salir me recibió un barullo muy alto, como si la gente estuviera compitiendo para ver quién hablaba más alto. Miré a mi alrededor y reparé en que no estaba en la habitual plaza del pueblo, si no en una plaza un tanto extraña. Tenía un edificio alrededor que era completamente rojo, con balcones y ventanas por todas partes. Más allá de eso, había una estatua de un caballo en el centro, con la figura de un hombre a su lomo.
Lo que más me chocaba era la gente que atestaba la plaza. Vestían ropas extrañas; de hecho, diría que alguna que otra chica le faltaba un buen trozo de tela, nunca había visto tal variedad de estilos. La mayoría iban cabizbajos, mirando a una cosa rectangular no más grande que mi mano. “Qué estupidez” pensé, “perderse el mundo entero por esa cosa tan insignificante”.
Finalmente, opté por preguntar a una de esas personas extravagantes. Le pregunté dónde estábamos y me respondió lo siguiente:
- “Estamos en Madrid, la capital de España, y una cosa más niño, cámbiate de ropa que estamos en el siglo XXI”
“¿Siglo XXI?”, a qué se referiría con eso. Antes de que pudiera darle más vueltas al asunto sentí que mis ojos se cerraban por completo. Al abrirlos de nuevo, estaba en mi montón de paja habitual, en la casa del clérigo. "Cada vez mis sueños son más raros” razoné conmigo mismo mientras me levantaba.
Obra de referencia:
El Lazarillo de Tormes, adaptación Vicens Vives