Profesor: María Isabel Quero Callejas
4º ESO - Aula: 4°B
Microrrelato:
La lámpara no paraba de titilar. Un pájaro, apoyado en el alfeizar de la ventana, no hacía mas que piar. En ese mismo momento abrió los ojos Daniela González, acostada en su precioso ataúd de mármol rosa. Sabía que no estaba muerta; pero notaba que se le hacía prácticamente imposible ver y hablar. Desbloqueó su móvil y comprobó que al menos si podía oír, y percibía —como se percibe entre sueños— lo que hicieron con ella cuando la lavaron y amortajaron. Escuchó los sollozos de su novia, y sintió lágrimas de sus padres en sus mejillas blancas y frías. Y ahora, en la soledad de la iglesia cerrada, recobraba el sentido, y le sobrecogía mayor espanto. No era pesadilla, sino realidad. Estaba tumbada en su ataúd. Incorporada ya, la alegría de existir se sobrepuso a todo. Vivía ¡Qué bueno es vivir, revivir, no caer en el pozo oscuro! En vez de ser bajada al amanecer, en hombros de criados a la cripta, volvería a su casa con sus padres y se reencontraría con Laura, estaría con los que la amaban y ahora la lloraban pensando que estaba muerta. Ilusionada por sorprender a sus seres queridos, sacó las piernas del ataúd y brincó al suelo. Se recogió el cabello en una coleta para pensar mejor.
Entró a la iglesia con la excusa de que iba a rezar, se escondió en la capilla de Cristo, y al retirarse el monje que fregaba el suelo, Daniela bajó lentamente a la cripta. Abrió la mohosa puerta, cerró por dentro, colocó su abrigo en el fondo del ataúd, puso su móvil a cargar con un alargador y se tendió en su preciosa tumba, apagando antes la luz tocando el interruptor con el pie...
Obra de referencia:
EMILIA PARDO BAZÁN, LA CITA Y OTROS CUENTOS DE TERROR