Profesor: María Isabel Quero Callejas
3º ESO - Aula: 3°A
Microrrelato:
Entró en la inmaculada habitación del hospital. Su hijastra estaba tendida en la cama, lívida y macilenta. No le despertaba ninguna pena, más bien le repugnaba tan flaca y mortecina. Le daban ganas de vomitar.
Niña, ¡dime dónde está el bebé!
Ha muerto. Se llevaron su cuerpecito. – Sollozó.
Rehizo sus pasos hasta la puerta de la estancia en la que se encontraba y salió en busca de la matrona. No tardó mucho en encontrarla. Estaba en un despacho con la puerta abierta. La partera tampoco tuvo que emplear mucho esfuerzo en darse cuenta de su presencia.
Buenos días, si no me equivoco usted es la matrona de mi hija. Ella está muy débil y no se puede levantar, por lo que vengo yo en su lugar.
Adelante señora, pero déjeme decirle que no dispongo de mucho tiempo para dudas de madres concernidas.
Será rápida, no se preocupe. Mi hija ha dado a luz a un bebé muerto y nos gustaría saber cuándo podremos disponer del cadáver para enterrarlo en el panteón familiar.
Me parece que usted se ha equivocado, señora. Aquí no ha nacido ningún niño muerto. Háblelo con ella. El agotamiento debe haber confundido a su hija y al cura que la acompañaba.
¡¿Había un cura en la habitación?!– Se pasó las manos por la cabeza prácticamente arrancándose el pelo negro que le caía por la espalda.
Abandonó el despacho roja de ira. Apresurados, sus tacones resonaban por el pasillo como disparos. Rubicunda, abrió la puerta. Los goznes rechinaron y apenas soportaron la embestida.
¡Maldita, me has mentido!, ¿¡Dónde está el niño!? – La zarandeó por los hombros y el cuello sin fuerza de su amada cayó sacudiéndose a la par que el resto de su cuerpo famélico.
Estaba muerta.
Obra de referencia:
CORDELUNA, ELIA BARCELÓ