Profesor: Daniel Castillo Martín
3º ESO - Aula: 3º ESO B
Microrrelato:
Rodrigo se encontró a la aurora con el alba tiñendo de oro el horizonte de Burgos. No había sido exiliado por un mandato real, sino que había decidido partir en busca de un destino construido por su propio valor. Se despidió silenciosamente de su ciudad, que aún seguía dormida, cuando cerró la puerta dejó atrás el eco de un hogar y las lágrimas de quienes lo amaban.
En la modesta estancia donde su esposa había susurrado adiós, acarició la imagen de sus hijas, prometiéndoles regresar cuando la justicia y el honor se impusieran sobre la traición. Montado en su caballo Babieca, Rodrigo emprendió un viaje sin mapas ni atajos, guiado únicamente por la llama interior que lo impulsaba a conquistar su libertad.
A lo largo de caminos polvorientos y verdes praderas, el guerrero se topó con rostros desconocidos, algunos llenos de recelo, otros de admiración. En cada aldea, la leyenda de un hombre que abandonaba la sombra de la corte para forjar su propia historia se encendía en murmullos y cantares. El peso de la armadura y los fantasmas de antiguas batallas lo acompañaban, pero en su mirada ardía la determinación de un hombre libre.
El camino era incierto, pero cada paso reafirmaba su elección: luchar no por un trono, sino por la dignidad de moldear su destino. Rodrigo se adentraba en un mundo donde el honor se ganaba con coraje, y en cada jornada, su leyenda crecía, invitando a quienes soñaban con la libertad a seguir su estela.
Los viajeros en la posada observaban con curiosidad al jinete solitario que se alejaba por el sendero polvoriento.
—Mira, ahí va un hombre sin señor ni fortuna. Solo le espera el destierro.
—No. Ahí va el que luchará su propio destino. Ahí va el Cid Campeador.
Obra de referencia:
En este microrrelato se ha adaptado el Cantar del Destierro de El Cantar de Mio Cid. En concreto, se narra el momento en que Rodrigo Díaz de Vivar busca recobrar su honra.