Profesor: María Estela Salazar Gómez
4º ESO - Aula: 4º ESO A
Microrrelato:
En un antiguo barrio donde las farolas alumbraban las oscuras calles, vivía Juana, una
mujer más conocida como "La Celestina". Su pequeña tienda de hierbas y amuletos era
solo una fachada; en realidad, su negocio se basaba en ayudar corazones desesperados
por el amor..
Una noche, entró en su tienda Julián, un joven tímido con manos nerviosas y mirada
perdida.
—Necesito tu ayuda —le dijo murmurando—. Estoy enamorado de Lucía, una chica que
trabaja en la cafetería cercana, pero cada vez que intento hablarle, las palabras se me
traban.
Juana tenía un ojo agudo para leer las emociones ajenas. Sonrió con picardía.
—El amor es como una plantita, joven. Necesita cuidado, pero lo importante es saber cómo
regarlo —dijo, sacando un pequeño frasco de cristal lleno de un líquido rojo—. Esto no es
un hechizo, es confianza embotellada. Solo unas gotas y las palabras fluyeran.
Esa misma noche, Lucía también la visitó, aunque con una petición distinta.
—Querida Celestina, quiero saber si Julián siente algo por mí —confesó la joven.
Juana, que veía en la oportunidad de unir dos corazones, le entregó un pañuelo blanco con
olor a romero.
—Verás cómo se revelara la verdad.
Al día siguiente, Julián y Lucía se encontraron atrapados entre los hilos de Juana. Lucía,
con el pañuelo en la mano, escuchó cada palabra de Julián, que con la botellita en su
bolsillo, finalmente se había atrevido a hablar.
Lo que siguió fue un romance incierto, pues ambos pronto se dieron cuenta de que el amor
tejido por las manos de una Celestina era tan frágil como la tela de una araña.
Juana observaba desde su tienda, riendo bajo su sabia su papel no garantiza finales felices,
sino darle a los demás la chispa que encendiera sus historias, aunque estas acabarán
ardiendo en llamas.
Obra de referencia:
Fernando de Rojas, La Celestina.