Profesor: Beatriz Álvaro Hernández
3º ESO - Aula: 3ºC
Microrrelato:
Polvo, sudor y hierro. No quedaba nada más en aquel desolado campo. El silencio ensordecedor de tantos corazones sin latido acechaba en cada rincón.
De pronto, una suave brisa trajo consigo el canto de un pájaro y el ligero aroma de ese océano tan claro que él ansiaba ver. Inspiró profundamente, mientras su caballo se detenía un instante, como si tratara de atesorar en su memoria ese momento eternamente.
Despacio, desmontó del animal. Caminó con cuidado entre los cuerpos inertes de aquellos quienes habían dado la vida por el honor.
Se sintió conmovido por la grandeza de esos valientes. Mirando hacia el suelo, no pudo evitar imaginarse a todas esas esposas, hijas y madres desoladas que esperaban recibir a un hombre en casa y en cambio, les llegaba una carta. Él mismo dedicó un momento a pensar en aquella bella mujer de la que tan enamorado estaba y en aquellas preciosas hijas suyas que, con sus ojos iluminados, lo esperaban en su hogar.
Se detuvo entonces, tras encontrar unas pequeñas flores violetas bajo el casco de uno de los hombres. Apartó el objeto con delicadeza y desenvainó su espada. Alzándola sobre su cabeza, miró hacia el frente e, hinchando el pecho, la clavó firmemente en la tierra, justo al lado de aquellas bellas flores.
—Valencia ya es nuestra.
Aquellas solemnes palabras fueron el comienzo de una historia eterna. Una historia de honor, familia y lealtad. Una historia llena de polvo, sudor y hierro. Una historia que sólo podía comenzar con un nombre: Rodrigo.
Obra de referencia:
Cantar del Mio Cid, anónimo