Profesor: Rebeca Fraile Cubero
1º BACHILLERATO - Aula: CREACIM
Microrrelato:
Lobito Cristalero
Había una vez un lobo que trabajaba en el gremio de cristaleros del bosque. Su función principal era la de soplador: soplaba el vidrio incandescente y le daba forma, para luego poner los productos a la venta y sacar rédito. El lobo poseía pésimas dotes de vendedor, y por eso las altas esferas del gremio lo relegaron a la fabricación. Un día, el lobo encargado de la venta de productos y trato con el cliente se puso enfermo, y el soplador se hizo cargo de la venta. Sin embargo, el primer cliente del lobo fue un joven conejo que viajó al bosque para adquirir unas botellas. El soplador, que no había desayunado ese día, vio al conejito muy apetecible, y pese a las advertencias del soplador sustituto, se zampó al conejo delante de todo el mercado. Los hijos del conejo, que presenciaron todo el macabro espectáculo, avisaron a los altos mandos del gremio de cristaleros y el lobo fue inmediatamente despedido. El lobo se enfadó y viajó a las praderas, hogar de los cerdos, a producir y vender productos de vidrio, sin el beneplácito del gremio. Este, nada más percatarse, envió al recién contratado primogénito del conejo asesinado a envenenarle la comida al lobo. Debido al efecto de esta droga, el lobo entró en un modo de frenesí sangriento y soledad social al mismo tiempo, y fue a buscar a tres cerditos con el aparente objetivo de asesinarlos y con la misión invisible de hacer amigos. Destruyó dos de sus casas y trató de colarse en la tercera, pero mientras se colaba en la chimenea cayó en una fogata encendida, lo que desactivó los efectos del veneno, y el lobo huyó avergonzado en dirección a su casa.
Obra de referencia:
Análisis de los personajes de los cuentos tradicionales.