Profesor: Cristina López Gámez
2º BACHILLERATO - Aula: 2ºBachillerato B
Microrrelato:
Ahí estaba yo de nuevo, frente a aquella familiar puerta, idéntica a la de mis pesadillas.
Inmóvil, traté de discernir entre mi estado de sueño o de vigilia, intentando ordenar la
cascada de pensamientos que por mi mente fluía. La oscura madera, envejecida por el
tiempo, emanaba pequeños rayos de luz que escapaban entre las grietas.
Sentí el impulso de abrirla. Quería demostrar a todos los que me tomaron por desquiciada
que no me equivocaba, que tras aquel gran portón residía el fin de lo que yo asumía como
normalidad. Quizás, mi incapacidad para describir la angustia e incomodidad que sentí al
abrirla les sirvió como fundamento en sus comentarios: “solo fue un sueño”, “olvídalo”,
“¡Quieta!”… Y es posible que esa sea la razón de mi ingreso en el centro psiquiátrico.
Nada parecía seguro en aquella situación. Sin embargo, lo que ahora podía afirmar es que
la causante de mi locura se encontraba frente a mí, más real que nunca, como mirándome
profundamente. Absorta en aquella mirada, recuerdos comenzaron a llover en mi mente
como una repentina tormenta. Me imaginé a mí misma en mis sueños, en ese lugar y con
esa sensación. Me vi acercando mi mano al oxidado pomo, e incluso sintiendo su gelidez en
las yemas de mis dedos. Sabía lo que pasaría si la abría porque ya antes lo había vivido,
pero enfrentarme a aquel vacío me aterraba.
Grité desesperada ansiando respuestas, pero lo único que conseguí fue un leve susurro
desde el otro lado: “Debes volver”. Sin pensarlo demasiado, abrí la puerta y me adentré.
Entonces lo supe, todo lo que conocía como real nunca lo fue y asumí que esa sería mi
nueva realidad. En ese vacío entendí que lo que verdaderamente me atemorizaba no era lo
que la puerta escondía, sino despertar.
Obra de referencia:
"El caso de la mujer asesinadita" de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia