Profesor: Ángel Quesada Valera
3º ESO - Aula: C
Microrrelato:
La carta de mi Avi
Estaba sentado en mi sillón con un café humeante y una tostada con tomate que me había preparado mi queridísima mujer. Por fuera, el sol se escondía detrás de los árboles.
Hace poco había sido mi ochenta cumpleaños.
¡Qué bien nos lo pasamos! Viaje a Viena, fiesta sorpresa, toda la familia reunida, bueno, casi toda, faltaban mis padres; “Me estarán mirando desde el cielo” supuse; “Aunque no les vea siguen en mi corazón” pensé. Con todos estos pensamientos reconfortantes me fui durmiendo poco a poco.
Y con la facilidad que me dormí, me desperté.
Pero... ¿Dónde estoy? Al mirar a mi alrededor, me entró una sensación de paz interior. Como si todas mis preocupaciones se desvanecieran en el aire.
A mi alrededor todo era blanco, un blanco puro, un blanco relajante, que solo con mirarlo ya te sentías feliz. El suelo era como yo siempre me había imaginado el tacto de las nubes en el cielo.
Al instante noté una mano en mi hombro; con un salto me di la vuelta y ahí estaba, la mujer que me ha cuidado toda mi vida, la persona que con tanto cariño me miraba: mi madre; a su lado, mi padre y no podía faltar mi queridísimo hermano. Con lágrimas en los ojos, les di un abrazo que no sé cuánto duró; sólo sé que estábamos unidos.
Por eso os dedico esta carta, para que tengáis presente que la muerte no es nada, yo sigo siendo yo, y vosotros seguís siendo vosotros, seguiré acompañándoos por el camino de la vida, solo que estaré al otro lado del camino. Yo estoy feliz, no os preocupéis. ¡Venga, animaos! Ese día yo estaba allí, la estrella que más brilla, la sombra que os sigue y la persona que habita vuestro corazón.
Obra de referencia:
Me he inspirado en un momento significativo de mi vida, en el que me ayudó mucho el cuento de Chejov titulado Vanka.