Profesor: Rocío Morán Torres
4º ESO - Aula: 4º A
Microrrelato:
Gritos, sangre y polvo nublaban mis sentidos y el miedo y la inevitable sensación de la muerte hacían que no pudiera pensar con claridad. A esas alturas la adrenalina era lo único que me mantenía con vida; mas al ver tu silueta en la lejanía, acompañada de vítores con tu nombre, las fuerzas volvieron a mí una vez más.
Parecías un demonio en el cuerpo de un ángel. Puede que eso fuera lo que me atrajo tanto de ti…
Sin embargo sabía que no era por mí tu comportamiento; porque yo estuve ahí cuando pasó. Habría podido salvarle. Vi cómo el casco salió disparado de su cabeza. Vi el pánico y el miedo en sus oscuros ojos. Podría haberme movido, podría haber hecho algo por él, al fin y al cabo yo quiero verte feliz. Pero, ¿por qué hacerlo? Si él no estaba, tal vez por fin te darías cuenta de que estoy aquí. Así que dejé que Héctor le apuñalara una y otra vez frente a mis ojos y disfruté cada segundo de ello.
De nuevo tu figura. Esas esmeraldas fijas en la lanza que atraviesa a tu rival. Demasiado absorto en vengar a tu amado como para siquiera reparar en tu entorno, reparar en mí.
¿Por qué no te das cuenta de que todo lo que he hecho ha sido siempre por ti, Aquiles? Un momento más. Una palabra más. Una mirada más. Arriesgar Troya por Helena tan solo por verte en la batalla… Una voz me susurró al oído: “es un hombre, no es inmortal. Dispara y morirá.”
Justo en ese instante comprendí que los dioses jamás estarían de mi lado. Por más que me esforzase nunca podría haber sido Patroclo.
Obra de referencia:
La Canción de Aquiles de Madeline Miller