Profesor: Rocío Morán Torres
4º ESO - Aula: 4º B
Microrrelato:
Cogí la mochila. Me pesaba el cuerpo, el alma, la conciencia. Pocas veces he conseguido parar y pensar si la consecuencia de una actitud que siempre ha sido seguida por un: "No hagas eso, esa no es la educación que te hemos enseñado", ha sido una consecuencia que me permitía extender las alas hacia a saber dónde. Porque nunca nos han enseñado más que lo mismo de siempre. ¿Por qué se prioriza un, "¿cuánto es dos más dos?", y no un "¿cuántas veces has sonreído para que los demás piensen que estás bien?", mientras por dentro cada vez te haces más pequeño?".
Tonterías.
Observé las escaleras en espiral. Primer peldaño y dolía como si me clavaran una espada en el pecho. <<Que pesadilla>>. Segundo peldaño y me pregunté si estaba haciendo lo correcto. Apreté la mochila contra mi pecho. Me había metido una muda y un simple pantalón. Tenía demasiadas preguntas y sin duda no las iba a resolver metido en esta casa donde había más monstruos que otra cosa. Admito que pensé en dar la vuelta, pero la idea de encontrarme a mi padre gritándome, me aterraba incluso más que seguir adelante. No solo eso. ¿¡Por qué me tenía que parar a pensar en cómo se sentía él?! Sus palabras matutinas dolían demasiado y no había vuelta atrás.<< No sirves para nada>>.
Último peldaño. No entiendo porqué me vino a la mente la vida agradable que teníamos en el pueblo. Nostalgia. La abuela me dijo el otro día que el campo cerca del establo se había marchitado. Nadie se fijaba, ni pasaba por allí y ni siquiera ella, su dueña, solía pasarse a cortar las malas hierbas. ¿Cómo puede ser que un par de plantas representen lo que me pasa ahora en el alma?
Abrí la puerta y desplegué las alas.
Obra de referencia:
La Edad de la Ira de Nando López