Profesor: Rocío Morán Torres
1º ESO - Aula: 1º E
Microrrelato:
Di un paso al frente, temblorosa, consciente de lo que pasaría, acto seguido, me apuñaló. Un intenso dolor me atravesó, la daga sobresalía de mi pecho, justo en el corazón. Tenía muchas cicatrices ya, un recordatorio de lo que era y a quien servía, me repetía siempre la reina Ileana. Mentira, todo era mentira, yo solo quería que todo acabase, morir y no volver a vivir, aunque sabía que eso no sería posible, era una abominación, una Retornada. Me giré en dirección a mi hermana, intenté hablar pero solo un leve gorgoteo salió de mi garganta y me desplomé.
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Desperté de nuevo. Ojalá no hubiera sentido nada, ojalá no estuviese aquí, ahora mismo, porque solo sentí que la última llama de luz que me guiaba se había apagado, y ahora ya no había nada, porque solo había frío y rencor. Rencor por aquella persona que había jurado mantenerme a salvo pero era la que más daño me había provocado, por simplemente ser capaz de cometer el tan atroz crimen de intentar asesinar a su propia hija, a mi hermana. Sin embargo, aquí estaba yo, fingiendo apoyarla en todo, cuando todo lo que quería era huir de esto, de mi vida.
Milicent - su voz me sacó de mi ensimismamiento- Toma un baño y acude a mis aposentos.
Sí…- contesté con voz queda, me fulminó con la mirada.
Sé que estás disgustada por todo esto, pero ya no eres de este mundo, debes servir a Kolis.
Tú no lo entiendes - remarqué cada palabra.- Es mucho más que eso, aunque no lo creas.
No vuelvas a tratarme así, acabas de quemarte en un juego que solo puedo ganar yo, no tientes a la suerte - ladró, enfurecida.
Y se fue, dejándome sin posible huida a una libertad que nunca había tenido.
Obra de referencia:
Una corona de huesos dorados de Jennifer Lynn Armentrout