Profesor: María José Gómez Sánchez-romate
4º ESO - Aula: Lengua 4º
Microrrelato:
Un viejo, con la piel arrugada como un pergamino antiguo, se sentaba en el banco del parque, observando a los niños jugar. Sus ojos, apagados por el tiempo, brillaban con una luz tenue al ver a una niña de trenzas rubias correr entre los árboles. Ella era como un rayo de sol en un día gris, llenando su corazón de una alegría que no sentía desde hacía mucho tiempo. La niña, llamada Ángela, se acercó al viejo con una sonrisa radiante. Sus ojos, como dos zafiros brillantes, reflejaban la inocencia y la alegría de la infancia.
- “¿Por qué estás tan triste, señor?”, preguntó Ángela, con una voz dulce que era música para sus oídos.
El viejo, sorprendido por la pregunta, se encogió de hombros.
-“Es la edad, niña. La vida se va apagando poco a poco, como una vela que se consume.”
Ángela frunció el ceño.
- “No, señor. La vida no se apaga. La vida cambia, como las estaciones del año. El invierno es triste, pero luego llega la primavera y todo florece de nuevo.”
El viejo se quedó pensativo, observando a la niña jugar. En sus palabras sencillas, encontró un consuelo que no había encontrado en años. La vida no era un camino hacia la oscuridad, sino un ciclo de cambios, de alegrías y tristezas, de primavera y otoño.
-“Tienes razón, niña”, dijo el viejo, con una sonrisa que iluminó su rostro. "La vida es un ciclo, yo solo estoy en el otoño de mi camino.”
Ángela, sin entender del todo las palabras del viejo, se limitó a sonreír y a seguir jugando. Sin darse cuenta, había sembrado una semilla en el corazón de él, que contenía esperanza y una luz que le recordaba que la vida, incluso en su otoño, podía ser hermosa.
Obra de referencia:
El cuento "El viejo y la niña" de Clarín critica los matrimonios desiguales y la presión social sobre las mujeres jóvenes. En esta versión los protagonistas vuelven a asumir el papel propio de su edad